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Mensajes: 17 Fecha de inscripción: 15/11/2008 Edad: 16
 | Tema: Extra (baile de graduación) 2da parte Jue Dic 11, 2008 5:43 pm | |
| “¿Puedo mirar?” su voz era intensa con expectación—hizo que mi corazón palpitara irregularmente.
“Si…ahora,” dirigió Alice.
Él se giro inmediatamente, y entonces se quedo congelado en el sitio, abrió los ojos de par en par. Yo podía sentir el adulador calor en mi cuello y teñir mis mejillas. Él estaba magnífico; Sentí un parpadeo del viejo miedo, que él era solo un sueño, no era posible que fuese real. Él vestía un traje negro, y pertenecía a una película, no a mi lado. Le mire fijamente con aterrorizada incredulidad. Caminó lentamente hacía mi, vacilando con un pie cuando me alcanzó.
“Alice, Rosalie…gracias,” respiró sin dejar de mirarme. Oí la risa ahogada de placer de Alice.
Caminó hacía delante, ahuecando una mano fría debajo de mi mandíbula, e inclinándose para presionar sus labios en mi garganta.
“Eres tu,” murmuró contra mi piel. Se apartó, y había flores blancas en su otra mano.
“Fressia,” me informó mientras se fijaba en mis rizos. “Completamente redundante, por lo que concierne a la fragancia, por supuesto.” Se inclinó para verme otra vez. Sonrió con esa sonrisa que me paraba el corazón. “Estás absurdamente hermosa.”
“Estás en mi misma línea,” mantuve mi voz tan clara como pude manejar. “Justo cuando me convezco a mi misma de que eres real, te pones de manifiesto apareciendo así y tengo miedo de que este soñando otra vez.”
Él me levantó rápidamente en sus brazos. Me sujeto cerca de su cara, sus ojos quemaban cuando me puso incluso más cerca.
“¡Mira el pintalabios!” ordenó Alice.
Él se rió rebeldemente, pero en cambio, dejó caer su boca al hueco encima de mi clavícula.
“¿Estás lista para irnos?” preguntó.
“¿Me va a decir alguien cual es la ocasión?”
Él se rió otra vez, mirando por encima de su hombro a sus hermanas. “¿No lo ha adivinado?”
“No,” rió tontamente Alice. Edward rió con deleite. Fruncí el ceño.
“¿Qué me estoy perdiendo?”
“No te preocupes, lo entenderás muy pronto,” me aseguró.
“Déjala en el suelo, Edward, para que pueda sacar un foto,” Esme estaba bajando las escaleras con una cámara plateada en sus manos.
“¿Fotos?” murmuré, mientras él me ponía cuidadosamente sobre mi pie bueno. Estaba teniendo un mal presentimiento sobre todo esto. “¿Aparecerás en la foto?” pregunté sarcásticamente. Me sonrió.
Esme nos tomo varias fotografías, hasta que Edward irónicamente insistió en que se nos iba a hacer tarde.
“Os veremos allí,” dijo Alice mientras él me llevaba a la puerta.
“¿Alice estará allí?” Me sentí un poco mejor.
“Y Jasper, y Emmett, y Rosalie.”
Mi frente se arrugo con concentración mientras intentaba adivinar el secreto. Él rió disimuladamente ante mi expresión.
“Bella,” me llamó Esme, “Tu padre está al teléfono.”
“¿Charlie?” preguntamos simultáneamente Edward y yo. Esme me trajo el teléfono, pero él me lo arrebató cuando ella intentó dármelo a mí, manteniéndome lejos fácilmente con un brazo.
“¡Oye!” protesté, pero él ya estaba hablando.
“¿Charlie? Soy yo. ¿Qué pasa?” sonó preocupado. Mi cara palideció. Pero entonces su expresión se volvió divertida y de repente malvada.
“Dale el teléfono, Charlie—déjame hablar con él.” Lo que fuese que estaba pasando, Edward se estaba divirtiendo un poco demasiado como para que Charlie estuviera en algún peligro. Me relajé ligeramente.
“Hola, Tyler, soy Edward Cullen,” su voz era muy amistosa, en apariencia. Pero yo ya le conocía lo bastante para detectar el leve rastro de amenaza en su tono. ¿Qué estaba haciendo Tyler en mi casa? Caí en la cuenta de la terrible verdad poco a poco.
“Lamento que se haya producido algún tipo de malentendido, pero Bella no esta disponible esta noche.” El tono de su voz cambió, y la amenaza se hizo más evidente mientras seguía hablando. “Para serte totalmente sincero, ella no va a estar disponible ninguna noche para cualquier otra persona que no sea yo. No te ofendas. Y lamento estropearte la velada” No sonaba como si lo sintiera en absoluto. Y entonces, cerró el teléfono con un golpe con una ancha y estúpida sonrisa en su rostro.
“¡Me llevas al baile de fin de curso!” Le acusé furiosa. Mi cara y cuello se ruborizaron con cólera. Pude sentir las lágrimas de rabia que se empezaban a acumular en mis ojos. Él no esperaba una reacción tan fuerte, eso estaba claro. Apretó los labios y estrechó lo ojos.
“No te pongas difícil, Bella”
“Bella, vamos todos,” animó Alice, de repente en mi hombro.
“¿Por qué me haces esto?” exigí.
“Será divertido.” Alice era todavía brillantemente optimista.
Pero Edward se inclinó para murmurar en mi oreja, su voz de terciopelo y seria. “Solo eres humana una vez, Bella. Divierteme”
Entonces dirigió contra mí la fuerza de sus abrasadores ojos dorados, fundiéndose mi resistencia con su calor.
“Bien” contesté con un mohín, incapaz de echar fuego por los ojos con la eficacia deseada. “Me lo tomaré con calma. Pero ya veras” advertí “En mi caso, la mala suerte se está convirtiendo en un hábito. Seguramente me romperé la otra pierna. ¡Mira este zapato! ¡Es una trampa mortal!” Levanté la pierna para reforzar la idea.
“Humm” miró atentamente mi pierna más tiempo del necesario, y entonces miró a Alice con ojos brillantes “otra vez, gracias.”
“Llegareis tarde a donde Charlie” nos recordó Esme.
“Está bien, vamos,” me columpió hacia la puerta.
“¿Esta Charlie al tanto de esto?” pregunté con los dientes apretados.
“Por supuesto,” sonrió.
Estaba preocupada, así que no lo advertí al principio. Solo fui consciente de un coche plateado, y asumí que era el Volvo. Pero entonces se paró tan despacio para ponerme allí que pensé que me iba a sentar en el suelo.
“¿Que es esto?” pregunté, sorprendida de encontrarme en un no familiarizado coupe. “¿Dónde está el Volvo?”
“El Volvo es mi coche diario” me dijo con cuidado, aprensivo de que yo podía tener otro ataque. “Este es un coche de una ocasión especial”
“¿Que pensará Charlie?” sacudí la cabeza con desaprobación mientras me subía y encendía el motor. Ronroneó.
“Ah, la mayor parte de la gente en Forks piensa que Carlisle es un coleccionador ávido de coches.” Se apresuró por el bosque hacía la carretera.
“¿Y no lo es?”
“No, ese es más mi hobby. Rosalie colecciona coches, también, pero ella prefiere perder el tiempo con sus entrañas antes que conducirlos. Ella trabajo mucho en éste para mi.”
Aún me estaba preguntando por qué volvíamos a casa de Charlie cuando ya estábamos en frente. La luz de porche estaba encendida, aunque aun no había anochecido. Charlie seguramente estaba esperando, probablemente asomándose por la ventana ahora. Empecé a ruborizarme, preguntándome si la primera reacción de mi padre hacía el vestido no sería similar a la mía. Edward paseó, demasiado despacio para él, alrededor del coche para alcanzar mi puerta—confirmando mi sospecha de que Charlie estaba al acecho.
Entonces, mientras Edward me levantaba con cuidado fuera del pequeño coche, Charlie--muy inusitadamente—salió a la entrada para saludarnos. Mis mejillas ardían; Edward lo advirtió y me miro interrogante. Pero no necesitaba estar preocupada. Charlie no me había visto aún.
“¿Es esto un Aston Martin? Preguntó a Edward en una voz reverente.
”Si—El Vanquish.” Los bordes de su boca se retorcieron, pero logró controlarlo.
Charlie lanzó un silbido.
“¿Quieres probarlo?” Edward sujetó la llave.
Los ojos de Charlie finalmente se apartaron del coche. Miró a Edward con incredulidad---con una diminuta esperanza.
“No,” dijo reacio, “¿Que diría tu padre?”
“Carlisle no tendrá inconveniente,” dijo Edward sinceramente, riéndose. “Adelante” apretó la llave el la mano dispuesta de Charlie.
“Bien, solo una vuelta rápida…” Charlie ya acariciaba el guardabarros con una mano.
Edward me ayudo cojeando a la puerta principal, levantándome tan pronto como estuvimos dentro, y llevándome a la cocina.
“Eso salió bien,” dije. “El no tuvo la oportunidad de flipar con mi vestido.” Edward parpadeó. “No pensé en ello,” admitió. Sus ojos recorrieron otra vez mi vestido con una expresión crítica. “Supongo que ha estado bien que no tomáramos el camión, clásico o no.” Aparté mal dispuesta la mirada de su rostro el suficiente tiempo para darme cuenta de que la cocina estaba inusualmente oscura. Había velas en la mesa, muchas, quizás veinte o treinta velas blancas. La vieja mesa estaba oculta por una larga y blanca tela y había dos sillas.
“¿Es en esto en lo que has estado trabajando hoy?”
“No—esto solo me llevó un momento. Fue la comida lo que me llevó todo el día. Sé que te parecen los restaurantes lujosos que abruman, no hay muchas opciones que caigan en esa categoría por aquí, pero decidí que no podías quejarte sobre tu propia cocina.” Me sentó en una de las blancas sillas envueltas, y empezó a reunir cosas del frigorífico y del horno. Me di cuenta que había solo cubiertos para una persona.
“¿No vas a alimentar a Charlie, también? tiene que volver a casa con el tiempo.”
“Charlie no puede comer nada más--¿Quién piensas que fue mi degustador? Tenía que estar seguro de que todo era comestible.” Puso un plato delante de mi, lleno de cosas que parecían muy comestibles.
Suspiré.
“¿Estás aún loca?” pasó la otra silla alrededor de la mesa para poder sentarse junto a mi.
“No. Bueno, si, pero no en este momento. Estaba solo pensando –ahí va, en la cosa que puedo hacer mejor que tú. Esto tiene buena pinta.” Suspiré otra vez.
El se rió entre dientes. “Aún no lo has probado—se optimista, puede que esté horrible.”
Comí un trozo, me detuve, y entonces hice una mueca.
“¿Está horrible?” preguntó asustado.
“No, está fabuloso, naturalmente.”
“Que alivio,” sonrió, tan perfecto. “No te preocupes, todavía hay muchas cosas en las que eres mejor.”
“Nombra una.”
No contestó al principio, el apenas paso levemente su frió dedo por la línea de mi clavícula, sosteniendo mi mirada con ojos ardientes hasta que sentí mi piel arder y sonrojada.
“Ahí está eso,” murmuró, tocando el carmesí de mi mejilla. “Nunca he visto a nadie ruborizarse tan bien como lo haces tú.”
“Genial,” fruncí el ceño. “La reacciones involuntarias—algo de lo que puedo estar orgullosa.”
“También eres la persona más valiente que conozco.”
“¿Valiente?” me burlé.
“Pasas todo tu tiempo libre en compañía de vampiros; eso precisa coraje. Y no vacilas en ponerte a una proximidad peligrosa de mis dientes…”
Sacudí mi cabeza. “Sabía que no podías sugerir algo.”
Se rió. “Yo soy serio, tú no. Pero no importa. Come.” Me cogió el tenedor, impaciente, y empezó a alimentarme. La comida estaba perfecta, por supuesto.
Charlie volvió a casa cuando ya había casi acabado. Miré su rostro con cuidado, pero mi suerte se mantenía, estaba demasiado deslumbrado por el coche como para darse cuenta de cómo estaba vestida. Devolvió las llaves a Edward.
“Gracias, Edward,” sonrió soñador. “Eso es un coche.”
“De nada.”
“¿Cómo estaba todo?” Charlie miró mi plato vacío.
“Perfecto.” Suspire.
“Ya sabes, Bella, puedes dejarle que cocine para nosotros de nuevo alguna vez,” insinuó.
Dirigí a Edward una mirada oscura. “Estoy segura de que lo hará, papá.”
No fue hasta que estuvimos al otro lado de la puerta cuando Charlie se despertó completamente. Edward tenía su brazo alrededor de mi cintura, para el equilibrio y el apoyo, mientras cojeaba en el inestable zapato.
“Mm, pareces…muy mayor, Bella.” Podía oír el principio de la desaprobación paternal.
“Alice me vistió. No pude decir mucho en algo.”
Edward rió tan bajo que solo le oí yo.
“Bien, si Alice…” se ablandó. “ Estás guapa, Bells” se detuvo con un rayo astuto en sus ojos. “Así que, ¿debería estar esperando que aparezca algún joven más en esmoquin esta noche?” gemí y Edward rió disimuladamente. Como podía alguien ser tan inconsciente como Tyler, no lo podía entender. No era como si Edward y yo hubiésemos sido reservados en el instituto. Íbamos y volvíamos juntos, me había llevado a todas mis clases, me sentaba con él y su familia en la comida, y él tampoco era tímido en cuanto a besarme ante testigos. Tyler claramente necesitaba ayuda profesional.
“Eso espero,” Edward sonrió a mi padre. “Hay un refrigerador repleto de sobras—diles que se ayuden a si mismas.”
“No creo—ésas son mías,” murmuró Charlie.
“Apunta los nombres para mi, Charlie,” El indicio de amenaza en su voz era probablemente sólo audible para mí.
“Ah, ¡ya basta!” ordené.
Agradecidamente, al final nos metimos en el coche y nos fuimos.[/color] |
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